viernes, 22 de mayo de 2009

Críticas: Lobezno, o algo así.


Al fin llegó Lobezno o, al menos, al fin llegó Hugh Jackman despeinado a media barba y con cuchillos de adamianto en los nudillos porque de Lobezno, lo que se dice Lobezno, en la película de Gavin Hood se ve bien poco.

La avalancha de márketing, de imágenes, clips y tráilers de X-Men Orígenes: Lobezno ha sido tan abrumadora -y coñazo- en los últimos meses que a la hora de ir al cine nadie se esperaba otra cosa que una chorrada del tamaño de los biceps del amigo Logan, ése que en los cómics es arisco, borde y sanguinario y aquí es un pobre enamorado obligado por el destino a buscar venganza.

Lo mejor que se puede decir de X-Men Orígenes: Lobezno es que no ha engañado a nadie, de ahí que la decepción después de verla apenas levante un mínimo escozor. No han vendido una peli de superhéroes a cambio de un tratado de filosofía barata ni han alardeado de pretender ser la mejor adaptación de una historieta al cine, ni la han llenado de cámara lenta pedante presuntuosa. Lobezno prometía un cine palomitero sin romperse la cabeza y entretenimiento sin complicaciones. A fé que lo consiguen, pero joder, ni tanto ni tan poco.


Lobezno es uno de los personajes Marvel más populares, queridos y a la vez desconocidos. El pasado de Logan era un misterio para el gran público que, reconozcámoslo, lo acaba de conocer gracias a la saga de X-Men. Por eso, hacer una peli que cuente su origen, su nacimiento, debería servir precisamente para eso, pero no, esta cinta de Gavin Hood lo único que aclara es cómo le metieron el adamantium por vena y de qué manera -y anda que no le dan vueltas para resolverlo después de la manera más estúpida- perdió la memoria.
De su origen, del de sus superpoderes, de por qué no envejece a partir de cierta edad... de eso ni mú. Eso sí, nos comemos como un chorizo que sea hermano de Dientes de Sable. Ole los mismísimos del guionista.

Según Gavin Hood y su equipo (Jackman no se libra, que también produce) James Logan es un bicho raro, sin más explicación, que al saberse invencible se une a su hermano, que también lo es, para ir sembrando el Bien y de paso mucha sangre por todas las guerras que puedan durante el siglo XX, como podemos ver en la única escena de la película que merece la pena.


Por arte de golpe de guión años después son contratados por Striker, un científico militar que les recluta a ellos y a otra pandilla de mutantes para que le ayuden a buscar un pedrolo venido del espacio. El por qué se rodea de mutantes para ese trabajo y para qué coño quiere el pedrolo quedará en estricto secreto guionístico.

Entonces Logan, que hasta entonces ha vivido matando a huesazos (sus garras aún son óseas) a todo bicho viviente, tiene una iluminación, un despertar divino, y decide que se pira. Así, sin más. Venga chaval, cuídate y no cojas frío.

Desaparece y se convierte en leñador en lo alto de las montañas canadienses, donde vive en pecado con una muchachuela muy fina que nos regala media hora de mimos, arrumacos y un cuento chino sobre un lobo. Pero un buen día nuestro héroe es encontrado por su malvado hermano, Dientes de Sable, que ahora resulta que se ha pasado al lado oscuro y se ha convertido en asesino ambulante de mutantes. Tampoco sabrás por qué.


Este pedazo de animal asesina a su propia cuñada y así, de esta manera tan sútil, consigue que Logan se cabreé como una mona, se cambie el nick por Lobezno, y decida unirse a Striker para luchar contra su hermano. Pero éste le funde los plomos con adamiantum, le convierte en una navaja suiza con patas y él se escapa para encontrar a su enemigo.

Hasta aquí una hora de película, más o menos, una hora con tres peleas, muchas memeces y vaivenes de un guión que parece no saber bien por dónde decidirse a tirar. Sin embargo, una vez escogido el chip 'venganza y cacería', todo parece ir cuesta abajo, y a partir de aquí se limita mucho la palabrería y todo son trajes de ostias de arriba a abajo.

Lobezno va visitando a tod0s los colegas que le quedan vivos y tras zurrarse con ellos sin motivo aparente, descubre el escondite de Striker y su hermano.

Perdido el hilo por completo de la narración, nos enteramos ahora que el hijo de Striker también es mutante, descubrimos a Masacre, y que la novia de Lobezno no estaba muerta sino que estaba de parranda y era una mentirosa.


Y nada más, muchas ostias, muchos cables y mucho ceño fruncido con gritito a juego de Hugh Jackman para justificar el gimnasio y humedecer a su club de fans. La peli termina igual que había empezado, sin el menor atisbo de emoción ni interés, y sólo nos estremece saber que habrá segunda parte.

En fin. Es difícil encontrar en pleno siglo XXI una película de acción, de superhéroes, de cierto presupuesto, con peores efectos especiales que X-Men Orígenes: Lobezno. Si tu estrella cobra un pico y quieres meter a quince mutantes más es tu problema, pero que cante tanto el CGI, que se noten los cables y la pantalla verde como si hubieras rodado en un estudio casero no es de recibo.

Que las actuaciones sean planas y pueriles era también de esperar: el malo sobreactuado (Danny Huston), los colegas chuletas y estereotipados (Ryan Reynolds, Taylor Kitsch, Kevin Durand, Will i Am o Dominic Monaghan), el prota que sólo tiene dos registros, o está confuso o está enfadado, y el villano más malvado (Liev Schreiber) que solamente tiene uno, sólo está enfadado.


Y es que debe ser que dedicarle una peli a Lobezno era la excusa para llenar la pantalla de un trillón de monstruitos para cuyo desarrollo no hay suficiente tiempo, por lo que se lo quitas al prota y al final te queda una película coral donde es difícil colocar cada nombre en su cara, ubicar a los vivos y a los asesinados, descubrir los guiños al cómic y, en definitiva, aclararse un poco.

La película no aburre, porque es imposible aburrirse con un montaje tan vertiginoso e incoherente que pasa de una escena a la siguiente sin transición alguna, sin explicación previa. La película no aburre, tampoco, porque de tan simple que es se hace hasta corta. Pero el hecho de que no aburra porque no deja de contarnos cosas no quiere decir que lo que cuenta sea inteligible, interesante o que esté bien contado.

X-Men Orígenes: Lobezno es al cabo una película entretenida, que se carga otra oportunidad de convertir un personaje Marvel en un filón cinéfilo como Superman o Batman para DC Comics.

¿La culpa? Una vez más, de la propia Marvel por consentirlo.

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