domingo, 23 de mayo de 2010

Críticas: Prince of Persia, Las Arenas del Tiempo.


Imagináos la pantalla de cine divida en cuatro partes iguales, tapad por completo la inferior izquierda con la cabeza del único cabronazo de dos metros que no mira si se sienta delante de alguien. Bien, de los otros tres cuadrantes, os comentaré mi opinión sobre Prince of Persia, Las Arenas del Tiempo.

Para empezar, Prince of Persia es un coñazo, es decir, aburre hasta las ovejas con un guión hilarante y previsible desde el primer minuto empeñado en disfrazarse de misteriosa trama de conspiraciones e intrigas. Pon a un lado la divertida relación -al principio, que luego ya cansa- entre el Príncipe Dastan (Jake Gyllenhaal) y la Princesa Tamina (Gemma Arterton) junto con las escenas acrobáticas y emocionantes por las que pagaste la entrada, y los otros cien minutos -la peli dura dos horillas, ná más- son un tremendo blabla con Alfred Molina intentando hacer gracia.




Ya no es que sea un película de aventuras rutinaria y típica, es que entre idas para un lado, venidas para otro, huidas, escapadas, secuestros y encima repetir una y mil veces las mismas frases, explicar cien veces los poderes de la daga y el maquiavelísimo plan del villano, Prince of Persia parece una espiral que gira y gira para siempre volver al mismo sitio.



La manera en que Dastan va haciendo averiguaciones es sólo un poquito menos ridícula, por casual y afortunada, que cuando su hermano, sin todavía ser rey, no lo olvidemos, le "regala" por sus narices a la princesa Tamina.

Sabemos que las adaptaciones de videojuegos a menudo deben cargar el lastre de que su antecedente sea lo suficientemente bueno y popular que para superarlo necesite una tremenda dosis de creatividad y sobretodo dinero. Bien, se suponía que Prince of Persia iba a tener de ambas sobradamente, pero al parecer se les ha ido el presupuesto en decorados y en pagarle el gimnasio a Gyllenhaal y el betún cantoso para la piel a Arterton y se les ha olvidado pagar a un par de guionistas con buenas luces.



Cuando Prince of Persia intenta parecerse al videojuego de Ubisoft no sólo lo borda sino que además hace que adores a ese tipo. El Dastan de Gyllenhaal trepa por las paredes, corretea por los muros, salta de tejado en tejado y no se deja ninguna de las piruetas que los amantes del juego queríamos ver en pantalla. Son grandes momentos de acción y emoción pero por desgracia estos guiños al Prince of Persia de PlayStation se quedan en apenas pildoritas muy repartidas y diseminadas a lo largo de la eterna y sosa película.

Personajes irrelevantes hay unos cuantos, como cualquiera de los dos hermanos, en especial el que ni es rey ni pilla novia ni invade castillos ni nada de nada, o como el lanzador de cuchillos que bueno, vale, aporta dos cositas, que podrían haberse hecho de cualquier otra manera. Pero la palma en cuanto a estupidez se la lleva Alfred Molina, el folla avestruces, cargando su papel de chistes fuera de contexto y gilipolleces varias como "contrapeso humorístico" de una película que, por lo general da pena.

El trabajo de diseño y producción es excelente, como no podía ser menos contando con un presupuesto sideral, pero en lugar de acercarse más al hilo argumental de los videojuegos, más simple, cierto, pero más emocionante, coherente y propicio para la acción, han querido inventarse, otra vez, una película familiar, para todos los públicos -obsérvese que no se ve una gota de sangre ni de refilón-, mandando al carajo la esencia del Prince of Persia en aras de una recaudación mayor.


Ya pasó con Alicia, volverá a pasar. Para disfrutar de un Prince of Persia emocionante y divertido, en cuanto acabe esta crítica conectaré mi PlayStation.

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