lunes, 2 de agosto de 2010

Crítica: Shrek, Felices para Siempre.

Cuando el día de mañana haga el balance final de esta saga me pasará una cosa muy curiosa, y es que no sabré distinguir la dos de la tres y me habré olvidado de la cuatro. Recuerdo la primera entrega de Shrek (2001) como una de las películas con las que mejor me lo he pasado en un cine. Comprendí una secuela para dar continuidad a unos personajes que habían resultado ser un gran acierto e incluso para ampliar y descubrir nuevas incorporaciones. La tercera me pareció una gilipollez.

Shrek, Felices Para Siempre es el remate a una serie de entregas que, echando la vista atrás, jamás debieron hacerse. Una retahíla de chistes sin chispa, de bromas repetidas, de sorpresas previsibles que sucesivamente han ido mostrando una decadencia de ideas rozando en lo rutinario.



La baza de Shrek, Felices Para Siempre, como ya ha pasado en otras sagas a las que no se supo dar originalidad en sus continuaciones, es el reinicio, el reseteado. Cuando ya has contado todo o no se te ocurre nada gracioso con lo que seguir, vuelve al principio. Una amnesia, un sueño, lo que en los cómics conocíamos como el What if?, te sirve para recomenzar la historia, volver a introducir y presentar a los personajes que ya conocemos como si fueran nuevos.


En Shrek, Felices Para Siempre este truco manidísimo de guión es el salto a una realidad paralela de la mano del tramposo duende Rumpelstiltskin, que llevará al ogro verde a un universo alternativo en el que nunca ha existido, por lo que tendrá que volver a encontrarse con Asno, Fiona, Dragona, Gato con botas...

Vamos, un regreso a la primera película pero sin la chispa, la gracia ni la originalidad de aquélla.


Shrek, Felices Para Siempre presenta a un ogro agobiado por la vida convencional que ha llevado desde la segunda entrega. Niños, responsabilidades... todo lo contrario de lo que una criatura de su especie está acostumbrado a vivir. Ese pacto con el duende le servirá de escape y además, le dará la oportunidad, a lo ¡Qué bello es vivir! de aprender a valorar lo que tiene.

No encuentro ninguna gracia en el argumento ni en el desarrollo de Shrek, Felices Para Siempre. Tal vez me hizo reír un par de veces pero eso no es mucho más de lo que consigue un anuncio de Mixta con pingüinos intentando volar. La mayor parte de la película me resultó un rollo patatero de repetir el cliché, de olvidarse del humor ácido y suversivo -que fue lo que hizo a Shrek diferente al resto- y repetir un esquema previsible en el que creo que muy pocos no imaginaban el desenlace.


El acierto de dar entidad de líder a Fiona, tal vez, sea lo que pueda destacar. El único personaje que realmente es diferente en este mundo paralelo de como lo conocimos antes, el único, por tanto, que aporta algo a un más de lo mismo que por favor espero sea el último. Un ejército de ogros contra un ejército de brujas, es lo único que no habíamos visto antes.

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