lunes, 2 de agosto de 2010

Críticas: Hierro.


El suspense hecho en España, me cuesta hablar de Terror en cuanto al cine patrio, tiene la tendencia a ponerse el listón muy bajo, o tal vez a creerse más, mucho más, de lo que realmente es. Es increíble la capacidad que tenemos en este país de vender humo. En lo que se refiere al cine, vendemos humo como nadie. Hierro es un ejemplo.

Un tráiler interesante, misterioso y que despierta la curiosidad, una actriz solvente y un entorno más que propicio para la historia que van a contarnos. Todo lo que ofrece Hierro antes de entrar en la sala demuestra a las claras que lo mejor que tiene el cine español es una capacidad publicitaria cojonuda.

Qué buenos son los publicitarios españoles.



Porque una vez dentro de la sala Hierro es otra cosa completamente diferente. De la isla de Hierro sólo quedan algunos paisajes, que podrían ser de Hierro o de cualquier otra de las Canarias y que no tiene ningún tipo de peso o participación en la trama. La historia que nos cuentan es tan previsible y típica que en la primera media hora se pule todo el posible interés. De Elena Anaya, que sí, que es muy guapa, está claro desde el principio, sólo queda una sucesión de muecas de espanto, completamente desaprovechada dentro de un personaje que ni siquiera llega a arrancar.


Hierro es un ejemplo claro de cómo aburrir en el cine teniendo todos los medios y herramientas al alcance para hacer todo lo contrario. Uno de esos directores que opinan que crear suspense es igual a ralentizar el ritmo, a que los protagonistas se muevan despacio, a rellenar escenas vacías con imágenes fijas del mar o de planos detalle que no aportan nada, alarga una película que como mucho daría para un capítulo de alguna serie de sobremesa.

A María se le pierde el niño y se le va la pinza, eso es Hierro. Un argumento cortito, muy cortito, y un mínimo de misterio, estirado hasta la hora y pico, para lo único que da es para demostrar la escasez de buenas ideas y para que el personaje de Elena Anaya cometa las estupideces más grandes, las decisiones más absurdas y tenga las reacciones más incoherentes imaginables.


No tiene ningún sentido lo que sucede en Hierro. Tremenda vuelta de tuerca sin dirección en la que parece que para que surja una película de suspense o terror de esto hay que llevar a los personajes al límite, sin importar cuántas estupideces se cometan ni cuánto nos burlemos de la inteligencia del espectador con ello.

Niños que aparecen y desaparecen, justicia por su mano, policía inepta, alucinaciones, decisiones incomprensibles y encima, aburriendo cosa fina al personal. Menos mal que estaba Elena Anaya.

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