
Hay películas de Terror cuya única relación con este género es la cara de asombro que se te queda al terminarla. Películas bien hechas, bien pensadas y escritas, películas con buenas tramas y misterios interesantes hay pocas, y para colmo quedan ensombrecidas por truñacos como éste que se aprovecha de los aciertos de otras para crear un engendro incoherente, sin pies, cabeza ni sentido común, que a base de un giro tras otro de guión, al final da pena.
Presencias Extrañas es una de estas películas engañosas, tramposas, que se juegan su única bala a una supuesta sorpresa final que hará que el espectador salte de la butaca. Eso tal vez funcionase con otras, pero con
Presencias Extrañas la sorpresa final apenas nos arranca un suspiro aburrido y una mueca de "pues vaya".
Presencias Extrañas es la historia de una chica -
Emily Browning- cuya torpeza en una fiesta en la playa termina por desencadenar un desastre mayúsculo. Llega a su casa justo en el momento en el que ésta salta por los aires en un incendio brutal termina con la vida de su madre enferma.
Después de unos meses en un psiquiátrico -lo que más miedo da de toda la película- la joven regresa a casa, se encuentra a su padre emparejado con la enfermera que se ocupó de su madre en sus últimas horas y con la ayuda de su hermana intentará descubrir qué demonios sucedió aquella noche.

Bien, la premisa de
Presencias Extrañas no es tan horrible, y los primeros minutos casi podrían ser interesantes. La chiquilla protagonista cumple el papel y las escenas del regreso a casa, en especial las de
Elizabeth Banks, causan escalofríos.
El problema está en todo lo demás. En un aluvión de pistas, la mayoría atufan a falsas, un desfile de apariciones sin sentido y reacciones incoherentes tanto del padre como de la hermana, de la enfermera... Por momentos parece que todos están como cabras. La muchacha empieza a perder el juicio de nuevo, lo que es ya no lo es y de repente se sacan de la manga una explicación final que raya el absurdo.
Presencias Extrañas, para colmo, es lenta y los pocos sustillos que tiene son demasiado previsibles. Es cierto que la sorpresa final es inesperada, desde luego, peo tampoco tan trscendental como para influír en lo que se intuye desde mucho antes, el responsable de todo el embrollo, por más que se empeñen en dirigirnos hacia una dirección con un descaro tal que canta a la legua.
En definitiva,
Presencias Extrañas no es para quemarla en la hoguera, pero no pasa de previsible y quedará en el olvido antes de que termine de escribir esta reseña.
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