domingo, 19 de octubre de 2008

La Niebla. De Stephen King.


Si hay una cosa que siempre le he achacado a Stephen King es lo poco adaptables a la gran pantalla que resultan sus novelas y relatos. Me explico. Es éste un autor de temática sencilla pero muy complejo en su estructura narrativa. Quitando alguna rara excepción como El Resplandor o La chica que amaba a Tom Gordon, la mayor parte de sus obras están plagadas de personajes, cada uno con sus tramas y subtramas entrecruzadas, con pasados y con dramas personales que les dan forma y que a menudo afectan al resto y al desarrollo de la historia. Es muy difícil escribir así, desde luego, y todavía más trasladar esas a menudo chorrocientas páginas a una hora y media o dos horas de película. Es por eso que la mayor parte de las adaptaciones que se hacen de S.K., y no son pocas, acaban cogiendo polvo en las estanterías de los videoclubs junto a otros telefilmes fallidos.

No obstante, algunas veces los guionistas y directores que se atreven a echarle un par de huevos a las obras de King consiguen salir bien parados o incluso superar la obraca original. Así, truñazos como El Cazador de Sueños o It, conviven en este apartado con películas salvables como Carrie, 1408 o Misery, sin ir más lejos. Todavía nos queda por ver Cell, de Eli Roth, y a ver qué tal, porque es un magnífico libro.

Pues Frank Darabont es uno de esos directores que consiguen salvar la lacra literaria de los libros de King y son capaces de adaptarlos con solvencia al cine. La Milla Verde, Cadena Perpetua, son excelentes cartas de presentación que convierten a Darabont en un especialista en analizar y extraer lo mejor de las obras del genio de Maine.

La Niebla, o The Mist, es una película sencilla en su presentación, sencilla en su planteamiento y hasta en su desarrollo, pero al igual que los libros de King, consigue crear y hacernos disfrutar un entramado complejo y terriblemente rico de personajes y situaciones que nos horrorizan y nos ponen los pelos de punta de puro cotidiano y reales. Da igual que lo que retenga a nuestros personajes en ese frágil supermercado sea un carnaval de bichejos mutantes, una infección espantosa o un circo de zombies sedientos de sangre. Lo que Darabont y King nos quieren contar es el drama y el terror que surge de dentro, del propio supermercado, del ser humano, mucho más estremecedor y peligroso que todas las criaturas de fuera.

Es en este campo en el que Darabont consigue el éxito de la película y en el que mejor refleja la esencia del relato de King. Los hombres y mujeres del supermercado son el verdadero peligro. Desde el abogado cínico y paranoico hasta la fanática religiosa –magnífica Marcia Gay Harden, de lejos lo mejor de la película- pasando por la cuadrilla de paletos que creen que saben a lo que se enfrentan.

El aspecto psicológico del ser humano, del tipo común. Vemos que un pintor deseoso de aislarse de mundo se convierte en líder de un grupo de supervivientes, cómo un cajero de supermercado se transforma en heroico francotirador y cómo una mujer ninguneada y despreciada por loca consigue erigirse como profeta y guía apocalíptica de los desesperados. Al principio de la película no hay héroes, al final sabemos que cualquiera puede serlo.

Si tengo algo que achacar a The Mist se debe a mi fobia por las “pelis de terror con bicho”. No me creo zombies ni vampiros pero al menos me los trago, con reparos. Menos soporto aliens ni fantasmas, con o sin sábana. Pero lo de los bichos mutantes me parece delicado y muy difícil de digerir. Es como ver Monstruoso u otras por el estilo. ¿Por qué debería tener miedo por un bicharro horrible, gigante y pixelado que no me transmite nada? Mi punto de vista sobre el miedo es que para percibirlo debo sentirlo real. Un hombre puede dar miedo. Muchos hombres, más. Tal vez enfermos y que parezcan zombies… ¿28 días después? Vale. Pero cucarachas gigantes….

Por eso yo no hubiera enseñado los monstruos. Me pasó con Señales, de Shyamalan, y en ésta pasa igual. Desde el momento en que aparece el primer tentáculo… la película cambia, o al menos mi disposición a verla del mismo modo, y me cuesta volver a meterme en ella. Más si para colmo están tan mal hechos que parecen de blandiblú, a pesar de la inspiración lovecraftiana.

Por eso me alegro de que La Niebla salve este escollo focalizando el suspense en el interior del supermercado, en escenas potentes como la de la farmacia, en el terror intrínseco a la psicosis del ser humano. Por eso, si lo de menos es lo que haya fuera, la apruebo. El miedo lo transmiten personajes de carne y hueso.

¿El motivo? ¿El rollo militar de puertas dimensionales? Demencial.

¿El final? Innecesario, inverosímil, pero una vez más, irrelevante.

Lo mejor de la película tiene lugar durante la hora y media central en la que esos personajes tan crudos, bofetada en las raíces y en las narices de la cultura americana, barras y estrellas escondiendo el cubo de la basura, pasan encerrados en el supermercado con sus miedos y prejuicios a flor de piel.

Darabont lo ha conseguido de nuevo, gracias a Stephen King, y Stephen King ha visto otra vez una obra suya dignificada en pantalla, gracias a Frank Darabont.

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